Nuestra directora Goighet Andrade Yana compartió la experiencia institucional en la formación de trayectorias inclusivas para mujeres en espacios productivos masculinizados
En el marco del foro “Visión Regional 2025”, organizado por La Estrella de Iquique, se desarrolló un espacio de reflexión orientado a fortalecer el liderazgo femenino en sectores históricamente masculinizados. El encuentro, titulado “¿Cómo educar niñas valientes?”, tuvo lugar en el Hotel Gavina Costa Mar y reunió a voces provenientes del ámbito educativo, psicológico y social, entre ellas nuestra directora, Goighet Andrade Yana, y la psicóloga y activista Nerea De Ugarte López, fundadora de la Fundación Niñas Valientes.

La participación de nuestra directora se enmarcó en la presentación “Equidad de género en la industria minera: una tarea educativa, social y cultural”, con la que visibilizó el modelo formativo que hemos desarrollado como Liceo Bicentenario Minero Juan Pablo II, en el que la inclusión y la equidad son componentes esenciales de nuestro proyecto educativo.
Educación técnica con enfoque de equidad
Desde el año 2012, nuestro liceo ha implementado un proceso de transformación profunda. Partimos de un contexto desafiante, con indicadores deficitarios en convivencia escolar, matrícula y rendimiento académico, además de un Índice de Vulnerabilidad Escolar (IVE) superior al 90%. A través de una visión pedagógica centrada en el bienestar, el pensamiento crítico y el desarrollo de talentos diversos, se han promovido trayectorias educativas que conectan vocación, pertinencia territorial y justicia social.
Actualmente, el liceo cuenta con una matrícula total superior a los 1.150 estudiantes, desde 7° básico hasta 4° medio. De ellos, una proporción importante cursa la especialidad Técnico-Profesional de Explotación Minera, distribuidos en seis cursos. Esta formación técnica no se limita al desarrollo de competencias operativas, sino que integra desde sus fundamentos una perspectiva de género, inclusión y proyección laboral consciente.
Entre las acciones implementadas destacan:

- Tutorías con enfoque de género, que acompañan los procesos formativos de nuestras estudiantes en especialidades técnicas.
- Presencia activa de mujeres en espacios técnicos, promoviendo su participación en talleres, visitas a faenas y actividades de vinculación temprana con el sector productivo.
- Construcción de identidad técnico-minera desde edades tempranas, integrando desde 7° básico una visión del mundo laboral donde mujeres y hombres comparten espacios con naturalidad.
- Promoción de referentes femeninos en la industria minera, lo que ha permitido reforzar la confianza técnica en nuestras estudiantes.
Nuestra directora subrayó que, en este contexto, la equidad no es solo una meta institucional, sino una convicción pedagógica: “El acceso a una carrera técnica no garantiza por sí solo una participación plena. Es fundamental generar condiciones que fortalezcan la proyección vocacional de nuestras estudiantes”, señaló.
Fundamentos y datos que respaldan una formación con propósito
Este enfoque institucional se sustenta en diversos estudios que evidencian las desigualdades persistentes en sectores productivos como la minería. De acuerdo con el diagnóstico de género en minería de Women in Mining Chile (2021), solo el 13% de la fuerza laboral minera corresponde a mujeres, una cifra que disminuye considerablemente en los cargos operativos y de liderazgo. A esto se suma lo planteado por CEPAL (2022), que advierte que la igualdad de género en sectores extractivos sigue siendo limitada, lo que afecta tanto la empleabilidad como la permanencia de las mujeres en estos espacios. Según ONU Mujeres (2020), la reproducción de estereotipos desde etapas tempranas condiciona las decisiones vocacionales de niñas y adolescentes, perpetuando las brechas históricas. En este contexto, la OIT (2021) sostiene que incorporar mujeres en sectores estratégicos como la minería no solo es un imperativo de justicia, sino una oportunidad para mejorar la sostenibilidad, la innovación y la productividad en las industrias.
Desde nuestra experiencia, estos antecedentes reafirman que la equidad de género no puede entenderse solo como acceso a la formación técnica, sino como la generación activa de condiciones para una participación real y sostenida. Por ello, promovemos un modelo educativo que integra tutorías con enfoque de género, visibiliza referentes femeninos, impulsa la formación técnico-minera desde 7° básico y vincula tempranamente a nuestras estudiantes con entornos productivos inclusivos. Esta convicción institucional responde a una necesidad pedagógica, social y cultural: formar con propósito, derribando estereotipos y abriendo caminos concretos hacia trayectorias laborales equitativas.
Aportes desde la psicología y la infancia: Niñas Valientes
La psicóloga Nerea De Ugarte, autora del libro «El poder de las niñas valientes», abordó cómo los estereotipos de género afectan la autopercepción desde edades tempranas. Citando investigaciones en neurociencia y psicología del desarrollo, señaló que:
- Desde los seis años, muchas niñas comienzan a percibirse como menos capaces o menos inteligentes que los varones, fenómeno conocido como gender-brilliance gap.
- Esta percepción se ve reforzada por la ausencia de modelos femeninos diversos en roles técnicos o de liderazgo.
- Las escuelas, en ese sentido, tienen un rol clave como espacios de transformación, ofreciendo alternativas simbólicas, formación crítica y experiencias reales que amplíen el horizonte de posibilidades.
“Una historia única crea estereotipos”, dijo De Ugarte, haciendo alusión al poder de los relatos sociales para moldear las aspiraciones de niños y niñas. Su intervención reafirmó que el cambio cultural comienza en las aulas, pero se consolida con políticas institucionales comprometidas con la equidad.

Hacia una educación técnica transformadora
El testimonio de nuestra comunidad educativa fue recibido con interés por parte de los asistentes, quienes valoraron el enfoque integral con el que se ha abordado la formación en minería en nuestro liceo. La presentación de Andrade dejó en claro que la formación técnica debe estar en diálogo con los cambios sociales, económicos y culturales, promoviendo una inserción laboral que no reproduzca brechas, sino que abra posibilidades.
Desde nuestra experiencia, estos antecedentes confirman que la equidad de género en la educación técnica requiere medidas concretas que permitan a las estudiantes desarrollarse en condiciones justas y sostenibles. Por esta razón, hemos fortalecido un modelo formativo que considera tutorías diferenciadas, la incorporación de referentes femeninos en la industria, la enseñanza de contenidos técnico-mineros desde etapas tempranas y la vinculación progresiva con entornos laborales diversos. Esta perspectiva no responde solo a una tendencia, sino a un compromiso pedagógico orientado a superar las barreras estructurales que históricamente han limitado las posibilidades de participación femenina en sectores como la minería.